Chapi Escarlata: Fantasías de alto voltaje

lunes, 25 de abril de 2011

Fantasías de alto voltaje

Las fantasías se definen como un guion imaginario en el que se halla presente la persona que las genera. Las temáticas pueden ser de lo más variadas, igual que las películas cinematográficas. Cuando estamos enamorados, sobre todo las mujeres, las románticas inundan nuestro cerebro.

Es un párrafo de un artículo que leí ayer en El País Semanal sobre las fantasías de todo tipo, entre ellas, las sexuales, que es la parte que reproduzco aquí para que cada cual cuente su experiencia o su opinión.




Las fantasías más estudiadas son las sexuales. Un alto porcentaje tanto de hombres como de mujeres al masturbarse o practicar el sexo en compañía suelen utilizar las fantasías para aumentar su excitación. Esas creaciones pueden representar escenas habituales o constituir un alarde de imaginación extravagante. En algunos casos, tanto ellas como ellos pueden sencillamente recordar escenas pasadas con su pareja. Aunque el objeto de sus fantasías también pueden ser otros hombres o mujeres. Y por ello pueden traer consigo la culpa. Nos podemos sentir infieles mentalmente. Hemos de saber que las fantasías se encuentran en un mundo muy aparte, en otra dimensión. Que los protagonistas de nuestras fantasías no sean nuestra pareja no significa que forzosamente queramos acostarnos con otro, ni que esa fantasía traspase al mundo real.

Existen diferencias entre las películas mentales masculinas y las femeninas. En la mente de los hombres podemos encontrar más argumentos donde ellos sean agresivos o dominantes, mientras en las mujeres una fantasía bastante habitual es la de ser raptada y forzada. Existen diferentes estudios al respecto. Jenny Birona y Joseph Critelly, en una investigación llevada a cabo con 355 estudiantes femeninas, comprobaron que un 62% tenía este tipo de fantasías una media de cuatro veces al año.

Al leer el atículo me acordé de una amiga de la universidad, muy fantasiosa, que siempre estaba imaginando cómo lo haría con el hombre que era su amor platónico. De ahí no pasaba. Todos eran platónicos. El caso es que imaginaba historias fantásticas con ellos y las contaba, poniendo a todo el grupo de amigos a cien, sobre todo, a ellos.

Cuando le preguntaban si no era una desilusión para ella no poder hacerlas realidad, siempre contestaba lo mismo: "Yo me lo paso estupendamente imaginando mis noches con hombres, y no estoy mal de la cabeza, cuando quiero hag un chasq y vuelvo a la realidad, hasta entonces disfruto mucho y, de momento, no me hace falta más".

3 comentarios:

Doctora Membrillo dijo...

Buenos dias a tod@s
Bienvenidos al hogar despues de estos dias de descanso,,, ayss por dios q maravilla...
Fantasias,,, fantasias... lo importante de todas ellas es q dejen de serlo a corto plazo,,, las fantasias hay q llevarlas a cabo..

Anónimo dijo...

No sé muy bien qué comentar de las fantasias.

Todas las personas somos distintas y por tanto el papel que puede desempeñar una misma fantasía en la vida de dos individuos puede ser muy diferente...
Yo siempre me pregunto...pero con todo, no sólo con este tema, "¿te hace libre? ¿te hace feliz?"

Una fantasia determinada puede llevar a la persona a conseguir su meta y su felicidad...y en cambio a otra, la puede llevar a la destrucción...

No resulta nada fácil. Creo que cada uno debe preguntarse y contestarse -si es que es capaz- a sí mismo con total sinceridad.

¡Un saludo cordial!

Ananda

Por cierto:
Ojito con los estudios y cuidado con los expertos...
"Coma hormigas, 100.000 osos hormigueros...¡no pueden estar equivocados!"

Aquiles dijo...

Estamos Atenea, más de acuerdo de lo que tú has entendido, aunque no era a ti a quien me dirigía. Repasa el listado de mitologías y lo podrás comprobar. En realidad, el que desconoce el pasado está condenado a repetirlo, ya lo dijo un sabio de verdad y no es mi intención ir soltando frasecitas; pero yo hablaba de vivir en el pasado, sin darse uno cuenta de que ya estamos en otra estación temporal.
Bueno, a lo que va la cosa de las fantasías: ¡qué ricas son, que permiten combinar dos películas a la vez, una aburrida -la de la realidad- y otra más divertida que es la imaginada!