Chapi Escarlata: El ombligo, el fetiche erótico por excelencia

jueves, 29 de abril de 2010

El ombligo, el fetiche erótico por excelencia

La visión del ombligo, de un ombligo bonito, perturba. Lo dice un amigo mío, al que le gustan especialmente los ombligos, porque para él son una metáfora del otro orificio, del más deseado.

Confieso que nunca me fijo en los ombligos, por muy eróticos que les resulten a algunos hombres. Conozco a varios, a los que les he escuchado hablar de esto, pero no acabo de verle la gracia a este resto de cicatriz circular que nos queda cuando nos han cortado el cordón umbilical que nos unía a nuestra madre y que ya no vuelve a servir para nada más en la vida.



Salvo, claro, para los devaneos eróticos, según estos hombres. El primero dice también que la pelusilla que sale bajo el ombligo es una antesala de lo que uno se puede encontrar siguiendo esa línea prohibida, que muchas mujeres se tiñen de rubio, cuenta él, que debe de ser un experto.

Me despierta la curiosidad, me miro el mío y no lo encuentro nada erótico, pero no se lo comento por si le da por querer que se lo enseñe, y no tengo yo hoy el ejem para ruidos.

Pero busco, encuentro y leo lo importante que es este agujero cerrado, su poder sensual y que, lejos de ser una simple cicatriz, está considerado como el fetiche erótico por excelencia, porque recuerda al órgano genital femenino.

En Las mil y una noches se menciona en varios de sus cuentos y se le adjudica al ombligo la cualidad de ‘recipiente que contiene poderosos aromas afrodisíacos’.

Para los griegos, el ombligo debía de estar en el centro exacto entre el pecho y los genitales y era considerado como el centro del cuerpo de la vida, de la existencia, del universo.

El historiador italiano Gutierre Tibon tiene un libro titulado El ombligo como centro erótico, en el que dice:

Es el centro de la respiración y de la rosa de los vientos. Es símbolo del útero y, contradictoriamente, del falo; se identifica con la Luna, principio mujeril, y con el Sol, masculino por excelencia. Es andrógino y, sin embargo, connaturalmente femenino. Sol, Luna; pero también estrella: la Polar, eje del universo.

Este post fue publicado originalmente en el blog de Chapi Escarlata de 20minutos.es

No hay comentarios: