Chapi Escarlata: 2010

lunes, 19 de julio de 2010

Hasta la vista

Bueno, a mí también me ha llegado el momento de tomarme un descanso. A mí y a este blog que lleva cinco años, día a día, contando las mil y una cuitas sexuales y amorosas que les pasan a mis amigos y a algunos de vosotros, para que todos pudiéramos comentar cómo nos va la vida.

Ha sido un tiempo intenso, en el que no sólo yo he desnudado mi alma, también vosotros lo habéis hecho y no nos ha ido mal. Cada cual ha opinado lo que ha creído sobre el tema en cuestión y aquí hemos seguido todos, entrando y saliendo según las épocas.

Por eso quiero daros las gracias a todos los que habéis dejado vuestros comentarios y a los que sólo habéis entrado a leer. En especial, a la gente que lleva aquí desde el principio: a Admi, a Armstrongfl, a la querida Eli Lugones y a sus compañeros del hospital, a Luna, a Ostra, a mis amigas las nudistas gaditanas, a las azafatas de Sevilla, al Vengador Calvo, a OTRAVEZ YO, Reverendo, Marga (imperdonables olvidos), Murmullo de cucas, Nomecreoná, Mimosita, BDS…, y a todos los que llevais tanto tiempo. A la entrañable Genoveva, a Amapola, a los leoneses… y también a los que habéis entrado en el último año (que no se me queje nadie más, que os llevo a casi todos en mi corazón), a mi Disfru… Gracias a todos.

Y como no me puedo ir de vacío, aquí dejo hoy un tema para el comentario, que resume lo que ha intentado ser este blog, un espacio de tolerancia, de disfrute de los sentidos, de naturalidad y de buen rollo, a pesar de algunos…


Hace poco menos de un año, una revista me pidió que escribiera por qué estoy a favor del nudismo en las playas. Y decía más o menos que si nacemos desnudos, ¿por qué luego cuesta tanto que nos dejen hacer pelotismo en las playas?

Hoy se celebra el día sin bañador y en un montón de playas van a proponer al personal que quiera que se lo quite.

A mí no me gustan las playas nudistas, porque son como guetos en los que te arrinconan para que no les enseñes lo que ellos llaman “tus vergüenzas”, no me gusta ir a la playa y bañarme con bañador. Me gusta ir a una playa y que cada cual haga lo que quiera, usar bañador o quitárselo, sin que eso suponga un problema para nadie, como ocurre ahora en Cádiz capital y en otras muchas zonas de costa, que genera conflictos.

¡Con el gustito que da tomar el sol en bolas! Es una sensación como pocas, que yo aconsejo. Y para eso, algunas playas de la provincia gaditana, como Bolonia; o la playa de Torimbia, en Asturias.

Que paséis un buen verano, y que tengais mucho sexo y mucho amor. Es lo que voy a hacer yo, en vez de hablar -perdón, escribir- tanto, practicarlo mucho más. Ha sido un placer.

Hasta la vista.

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jueves, 15 de julio de 2010

Locura de amor

Obsesión, eso es la locura de amor. Obsesión que conduce a pensar en la persona amada como la única sobre la tierra a la que amar con toda la fuerza del corazón y la cabeza, aunque no sea la adecuada.


¡Cuántas tonterías se hacen cuando se pierde la cabeza! Y lo que cuesta salir. Lo decía ella misma, una vez que superó, con ayuda, la locura que la atrapó durante años por un amor no correspondido.



En ese tiempo hasta se montó una película -hoy lo confiesa-: que su enamorado trabajaba fuera de España y por eso no lo veía ni estaba con ella, pero le guardaba ausencia -me encanta esa expresión que se usaba tanto en los tiempos de mi madre- cuidaba sus fotos, pegadas en álbumes grandes, y se hacía la ilusión de que sus cartas llegaban a su destino.

Fuera de casa, aparentemente era una mujer normal, trabajaba, era afable con sus compañeros, que la querían y hasta llegaron a pensar que había un marido marino mercante que se pasaba media vida por esos mares. Sus compañeros… y ella misma, que al llegar a casa se transformaba y sólo tenía pensamientos para él y delicadeza para las pocas cosas que conservaba de aquel amor fugaz que ella creía eterno.

Por las noches, sufría por no tenerlo al lado, lo pasaba mal en su desesperación, porque en momentos de lucidez, que coincidían con esas horas, sabía que ni había novio ni marido ni marino mercante surcando los mares para volver a ella. Que no había nadie a quien entregar tanto amor como guardaba.

Se dio cuenta de su estado una hermana suya, que pasó unos días en su casa y descubrió, sin querer, las cartas que ella le había escrito cada día, los álbumes de fotos y el altarcito que guarda en su cuarto con las cuatro cosas que aún guardaba de su tiempo con él.

Hoy ya está bien, pero le cuesta cambiar de opinión. Cree que es mejor ser realista y pensar que ya no va a encontrar un amor de verdad, porque ha perdido mucho tiempo y mucha energía con el de mentira.

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Sólo por el placer de mirar

Sentado en una terraza con un grupo de amigos tomando una cerveza después del trabajo, notó su primera mirada. No le dio importancia y siguió charlando con sus acompañantes, sin perder de vista a la dueña de los ojos que se habían clavado en los suyos.




A los diez minutos y sólo con el efecto de la mirada de la chica le empezó a subir la temperatura.

No era una mirada agresiva ni descarada, tampoco de esas que te desnudan en un segundo ni incómoda. Era verde, como los ojos que la dirigían, cálida, interesante y muy grata.

Le gustaba esa forma en que lo miraba, aunque él no sabía si corresponder ni cómo hacerlo. Porque otras veces, había hecho ese ejercicio: mirar a alguien que le gusta por el simple placer de mirar y sin mostrar ninguna intención inconfesable. Sólo perderse en la otra persona con discreción y sin incomodar.

Así que no hizo ningún movimiento, y en el par de horas que estuvo en la terraza dejó que ella disfrutara así y si quería algo más, seguro que se lo haría saber. En el fondo quería que pasara, pero no pasó. Ella, acompañada también por un grupo de amigos, se levantó, fijó su mirada en él como para decirle adios y se marchó.

Él entendió que sólo se había entregado al placer de mirarlo nada más. Y eso también le gustó.

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miércoles, 14 de julio de 2010

La disculpa de sacar al perro

Nunca había sentido ningún interés por sacar a pasear al perro. Siempre le dejaba esa tarea a su mujer porque a él no le gustaba nada tener que estar pendiente del perrito. Hasta que un día descubrió en el parque cercano a su casa a una chica que le gustó al primer vistazo jugando con su perro. Varios semanas después se propuso dar el paso que tanta sorpresa causaría a su mujer, ése día sacaría él a pasear al perro.




Lo hizo sin mayores complicaciones, y ella le agradeció le gesto porque lo entendió como una ayuda momentánea. Y allí se fue con su mascota a pegar la hebra con la rubia mientras sus perros se olían, jugaban y correteaban entre los árboles.

Este es novato en el arte de ligar a cuenta del perro, pero tengo un amigo que es un experto en la materia. Con la disculpa de la perra liga mucho y hace amigos, bueno él sólo hace amigas cuanto más íntimas mejor.

Dice que para eso es mejor relacionarse con casadas, porque luego es más difícil que se complique la cosa y pueden seguir cada uno con su vida sin mayores pretensiones que pasear mientras sacan al perro y echar un polvito de vez en cuando cuando el momento y las cargas familiares lo permiten. Así lo cuenta el tío.

Ahora mismo tiene un lío con una mujer a la que ha conocido una mañana a cuenta de su perra, a la que le está muy agradecido por permitirle hacer tantas relaciones sociales.

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martes, 13 de julio de 2010

Mucho amor en vacaciones

Con el sofoco de estos días y la resaca en el cuerpo, una amiga me contaba que lo bueno del calor del verano es que indica la proximidad de las vacaciones. Muchos han desaparecido y dejan desierta la ciudad porque ya están disfrutando y otros están con las ganas en la cara porque ya les falta poco.


Como está necesitada de descanso, pensaba en lo propicias que son esas temporaditas para el amor. Contaba, y se ponía así de poética, “las veces que en el pasado la brisa del mar, el azul del cielo, el ruido incesante y acariciante de las olas y el azar” se han juntado para ponerle en los brazos una aventura amorosa y alguna vez también sentimental.



La escena que ella relata me la puedo imaginar de tantas veces que lo ha dicho: se levanta sin molestos despertadores artificiales, cuando la luz del sol se cuela por las rendijas de la ventana, sin prisas. Con toda la parsimonia que el cuerpo le pide, después de desayunar, va a comprar la prensa (de la que no puede prescindir, aunque la lea muy por encima, lo justo para no perder el hilo de lo que pasa en el mundo) y los alimentos del día. Y avanzada la mañana, después de preparar una bolsa con fruta, agua fresquita y los instrumentos playeros, acompañada del hombre que ha conocido hace un mes, con el que se siente bien a oscuras y de día, sale dispuesta a pasar un día de playa, tomar el sol, refrescarse en el agua y, si se presta, como naturalmente suele pasar, entregarse con cuerpo y alma, o por lo menos con toda la energía del cuerpo, a todos los juegos permitidos por los sentidos.

Con optimismo, cuenta los días que le faltan para hacer todo esto que piensa que le va a pasar porque es verano, tiene vacaciones y lo principal –dice-, el hombre que le va a hacer disfrutar todos esos momentos.

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sábado, 10 de julio de 2010

Los roces eróticos que provoca el Mundial

Este sofocante aire sahariano que nos tiene al borde del colapso en la península ha venido a coincidir con la gesta de la selección española en el Mundial de Sudáfrica.


Esto le ha dado pie a un amigo para decir que al calor de las victorias y del solazo que hace aquí mientras se juegan los partidos, se vienen concentrando las multitudes y que ya se sabe que donde hay multitudes hay promiscuidad, camisetas mojadas en las fuentes, torsos desnudos, ropas ligeras. Él empieza diciendo esto y se anima solo.



Y claro -cuenta-, con las alegrías, vienen abrazos, brincos de euforia, compañerismo y roces, muchos roces. Roces por aquí, brazos y manos que no distinguen si el que tienes al lado es conocido o desconocido, aunque, eso sí, amigos todos y seguidores de la roja.

Como una cosa lleva a la otra, y una alegría empuja a otra alegría, mi amigo piensa que estas manifestaciones multitudinarias de felicidad son como bacanales, comunión colectiva de placer. Y por eso me pregunto si aumentará en la debida proporción la cantidad de encuentros de carácter erótico entre desconocidos, un aquí te pillo, entre eliminatoria y eliminatoria, y luego, si nos vemos en la final, estupendo, y si no, adiós muy buenas y que te vaya bonito.

Porque dice él que con tanta alegría, la gente se relajará muchísimo y perderá muchas prevenciones. Así es que, si se gana la final, no quiere ni pensar a dónde vamos a ir a parar. Bueno, sí quiere pensarlo, pero no sabe si va muy bien encaminado.

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jueves, 8 de julio de 2010

El amante secreto de la reportera

Ya ha pasado de los cuarenta hace algún tiempo. Pero era la primera vez que le pasaba algo semejante, ¡se había dejado seducir por una presentadora de televisión! Vamos que se había enganchado de una imagen televisiva, según sus propias palabras.


Explicaba embelesado cómo el primer día que se fijó en ella “sus grandes ojos verdes contrastaban con el cabello castaño oscuro y les daban una profundidad que la envolvía en un halo de misterio. Sus labios carnosos y bien perfilados enmarcaban una rotunda línea de dientes perfectos y blanquísimos, toda una invitación a lamerlos despacito. Frente amplia, signo de inteligencia, pelo liso y fino, melena larga y abundante de suaves matices, siempre morenos, como el tono de su piel, en el que no parece aplicar ningún tipo de potingues de maquillaje, al menos no se nota”.

“Y su voz, grave, firme y segura, pese a su juventud, y la expresión alegre de su rostro, no exenta de la obligada seriedad del oficio…” , terminó por embaucarle, contaba él mismo.

Y añadía que su vestimenta no le permitía hacerse una idea del conjunto de su cuerpo, de si tendría los pechos grandes o no o de cómo sería la anchura de sus caderas, su culo… Estaba deseando conocerla.

Supo después que la relación de la periodista con un famoso deportista había provocado alguna polémica y había sufrido por ella y por él mismo, que no sería correspondido si decidía dar el paso de conocerla.

Pero ahí estaba él con cuarentaymuchos y tonto como un adolescente, más atento a la aparición de la reportera que al contenido de las entrevistas y guardando toda la informació que encuentra sobre ella en Internet.

P.D. La historia me la ha enviado un lector del blog.

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miércoles, 7 de julio de 2010

El divorcio es contagioso

El divorcio es contagioso. Así lo dice un estudio de la Universidad de Brown, en Rhode Island, que confirma que las rupturas tienen efecto dominóEl hecho de que haya una ruptura en una pareja cercana, incrementa en un 75% las posibilidades de que el matrimonio se rompa. Además, cuando hay amigos de la pareja divorciados, se frena el impacto social de la nueva ruptura aún cuando se tienen hijos.




Si el matrimonio de tus mejores amigos fracasa, ten cuidado, el tuyo también puede estar llegando a su fin, dice el informe, que cifra el riesgo de ruptura en un 33% en este caso, porque el hecho de que personas próximas se separen hace que las parejas se empiecen a plantear su propia relación.

El estudio, dirigido por la doctora Rose Mc Dermott, señala que cada divorcio envía señales a amigos, familiares y compañeros de trabajo.

Qué cosas descubren “los expertos”. Tela, telita, tela.

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martes, 6 de julio de 2010

Pelotismo en el deporte

Desde tiempos inmemoriales el deporte y el desnudo han estado unidos de alguna manera. Los griegos, sin ir más lejos, competían en las Olimpiadas como sus madres los trajeron al mundo. Me imagino que los espectadores disfrutarían de ese modo de alicientes distintos a las marcas atléticas, quién sabe si eso les atraía incluso más.




Muchos siglos más tarde, no hace demasiado, a algunos individuos les dio por intentar llamar la atención practicando el streaking, o sea la carrera con obstáculos (de los policías que les salían al paso) sobre el césped de los estadios. Aparte de si ganaban o no pasta con la notoriedad, supongo que les resultaría excitante verse en el centro de las miradas de miles de espectadores en el campo, además de los millones que los vieran por televisión. Este deporte lo practicaban tanto hombres como mujeres, aunque predominaban los primeros.

Y últimamente se lleva mucho la promesa de la maciza que alecciona a los equipos de su preferencia, para que se esfuercen en pasar las eliminatorias, con el señuelo de desnudarse ante todo el mundo si lo consiguen. La verdad es que las chicas suelen tener mucha práctica en el despelote ante las cámaras, con lo cual no guardan demasiados secretos por descubrir y, claro, el aliciente no es el mismo que si se tratara de un cuerpo desconocido.

Lo curioso del caso es que en esta modalidad no se oye que se ofrezcan chicos para mostrarse en todo su esplendor. Sólo Maradona habría tenido la dudosa generosidad de salir en bolas a la calle si su equipo no hubiera recibido el repaso de los alemanes y hubieran terminado ganando el Mundial. Pero claro, que se desnude Maradona tiene menos morbo que la braga blanca de Julián Muñoz.

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lunes, 5 de julio de 2010

Dos maneras de entender el orgullo

Me vi en medio del jolgorio de la fantástica fiesta del Orgullo Gay, en Madrid, junto a un buen amigo que no se pierde una y que había venido a casa precisamente para disfrutar de este gran día para él.


Bailaba y brincaba al paso de las carrozas, aunque él no iba demasiado emperifollado como muchos de los miles de asistentes; iba relativamente discreto, sin demasiadas plumas, pero con un aspecto inequívoco de su condición de homosexual “alegre”. Lo disfrutaba muchísimo porque sentía que no sólo no tenía que ocultarse ni avergonzarse de sus inclinaciones, gustos y apetencias sexuales, sino que además podía hacer ostentación de ellos sin temor a ninguna represalia; en realidad él era mucho más “normal” que yo en esa multitud, en términos proporcionales, pues estaba mucho más a tono con todos los que nos rodeaban.



Y en esas estábamos, viendo aquella marea humana desfilar como si aquello fuera el sambódromo de Rio, cuando creí ver a otro amigo homosexual, completamente distinto del que yo acompañaba. Por un momento me pareció que estaba alucinando porque a él no sólo no le gustan este tipo de saraos, ni se siente demasiado orgulloso de nada en particular, sino que tampoco le hacen mucha gracia los que él considera exhibicionistas de su intimidad, los que hacen demasiada ostentación de su homosexualidad, que en esta fiesta son claramente la mayoría. Pero no, él no era aquel tipo serio que miraba la fiesta como si no fuera cosa suya, pese a que algunas personas que estaban junto a él, se veía que eran amigos, no podían ocultar que sí estaban en su salsa.

Cuando salí del error pensé que mis dos amigos, el presente y el ausente, que tienen distinta forma de pensar, aunque comparten gustos íntimos similares, son una demostración de lo mucho que han avanzado en su lucha, aunque todavía queda camino, las víctimas de la intolerancia: en el respeto a todo el mundo, a la personalidad de cada cual, cada uno con sus manías o con sus virtudes. Seguramente, ese es el significado de la fiesta del Orgullo.

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jueves, 1 de julio de 2010

Disfrutar del sexo tranquilo

Suelen pasear los dos cogidos de la mano por un parque de mi barrio. Son dos personas mayores, hombre y mujer, de unos setenta y pocos, a los que se les ve felices el uno con el otro. Esa es la impresión que me causan cuando me los cruzo cada mañana que salgo a correr.


Me pregunto cómo será su vida sexual. Si la tienen, si se les ha terminado o si por el contrario están disfrutando de lo que les queda por vivir, del amor y del sexo, ahora que ya no tienen cargas, hipotecas ni hijos que criar.



Con el paso de los años, el sexo no será el mismo, no tendrá el brío de la juventud, pero tendrá otros alicientes, supongo, basados en un hacer más pausado, acompasado con la fuerza física, que tampoco es la misma. Ya no es la pasión desbocada sino el amor tranquilo y el sexo menos cansado.

Me he acordado de esta pareja al escuchar en la radio que una cuarta parte de los 3.000 entrevistados, de 57 a 85 años, en una encuesta sobre relaciones sexuales de mayores, decían que lo hacían una vez a la semana, la mayoría de ellos ya había cumplido los 70.

Una película reciente de Laura Mañá, La vida empieza hoy -se acaba de estrenar-, trata este tema, el sexo a los 70. Son un grupo de ancianos que lidera Juanita (Pilar Bardem), una viuda amargada que jamás tuvo un orgasmo. Acuden a clases de sexo impartidas por Rosa María Sardá, que les explica un montón de cosas para mantenerlos activos.

La directora ha contado que descubrieron que existían aulas de sexualidad para personas mayores y que después de acudir a ellas para ver lo que hacían, cómo pensaban, lo que decían…, escribieron el guión. O sea que haberlas, haylas, como también alumnos que asisten a las clases. Otra cosa será después el resultado.

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miércoles, 30 de junio de 2010

El erotismo de los culitos en verano… y en invierno

Dicen los cirujanos plásticos que hacen gluteoplastias -vamos camino de que te puedan preguntar por la calle si el trasero que mueves es tuyo o te lo han pegado- que los culos más solicitados por ellos es el de Antonio Banderas y el que ellas quieren es el de Jennifer López. Increíble pero cierto.




Lo de copiarle el trasero a Banderas lo puedo entender, pero desear tener el culazo de la López se me hace cuesta arriba, porque es un culo enorme, aunque para gustos están los colores, y no me voy a meter yo ahora con lo que les puede o no gustar a los hombres.

Precisamente, el hecho de que la actriz decidiera hace ya unos años, bastantes, asegurar su trasero en unos cuantos millones de dólares, llevó a la sexóloga y profesora de la Universidad de Bremen, Ingelore Ebberfeld, a investigar y a escribir un estudio que tituló El erotismo de las nalgas.

Halló el origen de la atracción del trasero femenino en la prehistoria de la especie humana: los monos. “Las hembras atraen a los machos moviendo el culo y la hembra es fecundada por detrás”, escribió esta profesora, para quien el desarrollo de la civilización dotó a la mujer de algo más que instinto animal: “Aprendimos a conocer los secretos que encierra el cuerpo. Sabemos lo que tenemos y hemos convertido el trasero en nuestra principal arma erótica”. Ebberfeld reconoce que el impulso de observar los glúteos es incontrolable y que procede de una época de la evolución en la que la mirada y el pompis se encontraban a la misma altura.

En todas las épocas de la historia los glúteos de la mujer han sido el arma poderosa para atraer las miradas masculinas y provocar el deseo, afirma. La atracción por el de los hombres es mucho más reciente.

Las marcas de lencería también han sabido aprovechar el boom de hacer parecer lo que uno no es, poniendo parches y sujeciones que consiguen culos redondos y respingones, sin necesidad de pasar por el quirófano o inyectarse ácido hialurónico, que ahora es la panacea para estar más guapos.

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martes, 29 de junio de 2010

Como los novios

Volverán a ser novios durante casi tres semanas del verano y esperan el momento con tanta pasión como la que tienen los novios que no han gastado aún su amor con la convivencia del día a día, los hijos, la casa…


Son marido y mujer y padres de tres hjos que estarán en campamentos de verano aprendiendo inglés, pero en dos días volverán a ser novios. Tendrán tiempo para quererse como los novios, buscarse, desearse y dedicarse el uno al otro como no pueden hacerlo el resto del año, inmersos en el funcionamiento familiar.



Serán sólo dos, con lo que eso supone, dice él, que disfruta sólo con pensar en lo feliz que va a hacer a su novia, soltándose las ganas que muchas veces se aguantan el resto del año por exigencias del guión. Ahora no habrá guiones ni cortapisas ni intendencias ni nada requiriendo su atención. Sólo ellos dos con todo el tiempo para quererse como lo hacen los novios, porque creen que es distinto a cómo lo hacen los casados.

Él dice que los novios se entregan con otra pasión, se aman con otra fuerza y follan mucho mejor, porque no hay nadie que los distraiga. Así que estas tres semanas idearán cosas nuevas para sorprender al otro, lo harán donde no pueden cuando están en familia -cuentan que esto les priva- y se empeñaran en hacer temblar al otro como en los primeros tiempos.

Cada verano buscan el tiempo que sea para ellos. No siempre han sido tres semanas, a veces ha sido una o cuatro días, pero no lo perdonan, salvo causa de fuerza mayor, porque creen que ahí está el fuelle que los enciende para quererse con esa fuerza cuando no les dejan ser novios.

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lunes, 28 de junio de 2010

Hay tetas que dicen más que sus dueñas

“Hay tetas que tienen una conversación mucho más interesantes que sus dueñas”, decía Eulogio , un antiguo lector de este blog, a cuenta de la importancia que cobran los pechos en una conversación entre hombre y mujer. Si son generosas y bien puestas, la dueña se queda en segundo plano en la atención de su interlocutor.




Las tetas tienen vida propia, hablan por sí mismas, dice una amiga mía que las tiene grandes y cuenta que en su trabajo los hombres siempre le miran a las tetas en vez de a los ojos cuando hablan con ella. Cree que la obsesión de los hombres por las tetas es generalizada y que ante eso sólo podemos ponernos más escote y que disfruten tanto como nosotras.

Son tan importantes para unos y para otras que son causa de complejos por grandes o por pequeñas, por caídas o levantadas, porque miran a Cuenca o hacia dentro…, y de miles de operaciones para modificarlas, porque como le escuché una vez a un cirujano estético, ninguna mujer está conforme con sus pechos.

Y cuando dejan de hablar (las tetas), se produce un impacto tan brutal que lleva a pensar que se ha perdido todo el encanto de la feminidad y que una ya no es una ni siquiera media.

Una compañera de rehabilitación me contaba el otro día lo que sintió al mirarse en el espejo por primera vez, después de que la operasen para quitarle un pecho. “Es como arrancarle la armonía al cuerpo, que te falta lo esencial para seguir siendo mujer y que no le vas a gustar igual a tu hombre. Es como si ya no fueras tú”.

Lo que ahora espera es la cirugía reparadora que le devuelva unas tetas parlanchinas parecidas a las que tenía y que eran, además, tan aficionadas a los buenos escotes. Mientras, se recupera del shock mirando siempre hacia adelante.

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sábado, 26 de junio de 2010

El amor perdido

Puede que a algunos les parezca una historia de otro tiempo. A mí me lo parece. Ayer recordé lo que un buen amigo me contaba no hace mucho de su juventud.


Hace unos años, bastantes, del tiempo en que en España las relaciones sexuales se establecían a una edad mucho más tardía que hoy, esa época en que los novios no conocían el sexo generalmente más que cuando se casaban y hasta entonces les tocaba esperar pacientemente.

Él “salía” con una chica que le gustaba mucho, iban al cine, paseaban, charlaban, y la intimidad llegaba a lo sumo a unos besos furtivos en el cine, casi sin lengua, y a hacer manitas más para trasmitirse calor que otra cosa. Nunca se prometieron nada ni contrajeron compromiso alguno pero estaban muy a gusto juntos, se entendían bien, se diría que eran novios pero ellos nunca lo verbalizaron ni les preocupó lo que los demás pensaran al respecto.



Él se marchó a estudiar a otro país, conoció a otras mujeres, tuvo sus relaciones, anduvo de acá para allá en el terreno sentimental, pero nunca acabó de sentir nada especial por nadie.

Regresó a España convertido en un profesional de prestigio y volvió a su ciudad, antes de instalarse en Barcelona, quería saber de aquella chica que tanto le gustó quince años atrás. Ella se había casado, tenía dos hijos ya crecidos y parecía ser razonablemente feliz. Cuando se encontró frente a frente con ella, sentados en una cafetería, se dio cuenta de su turbación y de que aún le temblaban las piernas cuando ella lo miraba.

Él supo entonces que en realidad seguía enamorado de ella y se preguntó si a ella le pasaba lo mismo, si era feliz con su vida o lo había añorado a él… Y creyó ver, en una mirada furtiva, dibujarse un sí en los ojos de ella. Pero sacudió la cabeza y pensó que se había imaginado una ilusión.

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jueves, 24 de junio de 2010

El lugar del sexo lo ocupa ahora el balón

La pasión deportiva puede afectar a la pareja por la falta de apetito sexual ya que el espacio que antes ocupaba el sexo en el cerebro (90%-95%), ahora lo ocupa el balón de fútbol y los colores de su selección.




Esto tan exagerado, creo yo, lo dicen los de Amantis que ante esta competencia se han inventado ofertas y reclamos para que el personal no decaiga y siga practicando sexo y de paso, comprando sus cacharritos. Hasta han creado un código “Gol” para los descuentos cuando juegue la roja. Sólo cuando juegue, no especifica que si gana van a tirar la casa por la ventana para regalarnos placer.

Explican que uno de los síntomas de la obsesión por el fútbol puede ser la falta de apetito sexual y que en las parejas en las que un miembro no comparte esta afición, sufre durante estos días una sensación de abandono sexual y falta de interés por parte del otro, que puede resultar muy desagradable.

Pero no sé si llega a tanto la cosa como para que el 95% del cerebro lo ocupe un partido de la selección. Y no hablo de mujeres. No sé si es porque lo veo en el trabajo y entre mis amigos, pero me da que este Mundial no está provocando obsesiones incontrolables. Aunque tengo unas amigas muy previsoras que, temiéndose lo peor, se han ido diez días de vacaciones solas a Canarias, porque así disfrutan todos.

Una encuesta europea realizada por Yahoo señala que aunque tres cuartos de los encuestados dice que el Mundial no afecta a su relación de pareja, un 7% de las personas consultadas en España confiesa que su relación sí peligra durante el campeonato, y casi uno de cada cinco (un 16%) prefiere ver los partidos junto a su pareja, posiblemente para evitar posibles discusiones.

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miércoles, 23 de junio de 2010

Atrevimientos de mujeres

A los hombres no les disgusta ver a dos mujeres besándose. Incluso una de las fantasías de muchos es hacerlo con dos mujeres, mientras consideran impensable que haya otro hombre en el trío.

Sobre el tema, recojo la reflexión de una amiga mía, que considera que la bisexualidad femenina está aceptada y difundida, que nos pone mucho a todos ver cuerpos de mujeres dándose placer. En cambio los hombres son muy reacios a cualquier práctica bisexual. Ella dice que por acariciar y besar a una mujer no es lesbiana, en cambio su novio sí que cree que es una práctica de homosexuales, y que como él no lo es, pues no le gusta.



“Las caricias las proporcionan las manos y no importa el sexo del que las proporciona, al igual que un beso, es una boca mas allá del sexo-. Es una mano que acaricia, una boca que besa, y eso da placer, el tabú es nuestro, lo ponemos nosotros” rebate ella.

Al hilo, recuerdo lo que me contaron sobre las “fiestas oscuras” de algunos locales de encuentros. Ese día se rebajan las luces. A la entrada se explica al público de que va el juego. Hay pulseras con una luz fosforescente y las hay de tres colores, rosa (para mujeres hetero), verde (para hombres hetero) y azul (para hombre o mujeres bisex). Todos entienden que se trata un juego, pero la oscuridad hace mucho.

Nada más entrar y dejar las cosas en el guardarropa deben elegir el color de su pulsera. El 90% de los hombres la quieren verde de heteros, la rosa la escogen un 10% de las mujeres, heteros; y sin embargo la azul de bisex la cogen un 90% de mujeres y un 10% de hombres.

Normalmente, la mujer de la pareja pide la rosa, pero, según me contaron, al rato piden la azul. Con esas pulseras y sin apenas luz (luz hay, porque las pulseras dan lo suficiente) cada uno sabe a que atenerse con los miembros de las parejas vecinas. Y cuentan que a oscuras la gente se destapa y se atreve mucho más; sobre todo, ellas.

(En la imagen, Drew Barrymore y Ellen Page)

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martes, 22 de junio de 2010

Contra la crisis, un asesor matrimonial

La crisis ha llenado los despachos de los psicólogos matrimoniales. Dicen que tienen mucho trabajo en estos últimos dos años y mucha lista de espera. Lo cuenta ella misma, que ya tiene para la semana que viene la cita que pidió hace casi dos meses. ¡Con lo que se puede estropear la relación en dos meses!


Que se lo digan a ella, dice. Pero aguanta porque aunque nunca se le había pasado por la cabeza acudir a un asesor matrimonial, cree que la intervención de un tercero, ajeno a la pareja, ante el que poder hablar libremente, puede ayudar a superar lo que ahora parece insuperable.



Prefiere pensar que ha sido la crisis lo que le ha desquiciado y que, por eso, se comporta como si ella fuera una extraña, que incluso puede llegar a robarle. Está deseando que el psicólogo le diga que sí que es la dichosa situación económica, el menor volumen de trabajo que tiene en su empresa y que ella está en paro lo que provoca esas reacciones que tiene y por las que nunca pide una disculpa.

Pero muy a su pesar, en el fondo sabe que este hombre es así desde que lo conoció, que la crisis puede haber agravado el asunto, pero que siempre ha tenido un pronto muy malo, que le hace a ella la culpable de todos sus males. De la misma forma que viene, se le va, pero el daño ya lo ha hecho, aunque él no lo reconocerá nunca.

Por si acaso el consejero le confirma lo que ella piensa, también ha pedido hora con un abogado que lleva divorcios, que también tiene lista de espera por el mismo motivo que el psicólogo: la crisis.

¿Será todo culpa de la crisis?

La foto es de purasletras.wordpress.com

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lunes, 21 de junio de 2010

Las bolas chinas, del sex shop a la respetable farmacia

Las farmacias de toda España ya venden las bolas chinas, aunque la razón que aducen para su venta no es el placer sexual que dan sino los beneficios que el artilugio tienen al tonificar el suelo pélvico y prevenir la incontinencia urinaria de las mujeres.


Sobre todo si se utilizan al caminar, además del gustito que producen, son más efectivas al fortalecer mejor los músculos de esa parte de la anatomía femenina.
Hasta ahora, si alguien las quería comprar, incluso por recomendación de su ginecólogo, había que acudir a los sex shop o a los tupersex para adquirilas, pero como ya se han convencido de que las bolas no sirven sólo para “pecar”, han abierto la mano un poquito.

Los laboratorios Masterfarm son los que han comercializado las bolas chinas, con el nombre de Pelvic Gym, y son dos esferas de color rosa pálido, que en su interior guardan otra más pequeña. Tienen un cordel para facilitar su extracción. Es el modelo de esta compañía, porque las que yo tengo son de otra marca y de otro color y no me las compré en una farmacia, sino en un tupersex.

Estás revestidas de silicona y su precio es de 27,50 euros, las de la farmacia, no las mías. Por supuesto, no se llaman bolas chinas, porque eso, como digo, suena a placer sexual y a pecado, las llaman esferas intravaginales y están indicadas para el ejercicio del suelo pélvico. Nada más, no vaya a ser que nos desmandemos.

Si hay una buena excusa como es la salud, se empiezan a vender en las farmacias, que es como darles la pátina de respetabilidad que no tenían por ser un cacharrito sexual para jugar. Pasó lo mismo con los preservativos.

Aquí dejo la página de las bolas chinas, donde explican cómo usarlas y para qué muy bien.

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viernes, 18 de junio de 2010

No es amor, es una obsesión

Cuando una se entrega en cuerpo y alma a un amor que no existe corre el riesgo de acabar desquiciada. Le pasó a esta mujer, que sólo hace unos meses ha recuperado el sentido, después de 15 años de añorar a un hombre que no le correspondía.


En realidad, el amor sí que existió, pero de parte. Lo que para él era un rollo de verano, ella lo entendió como un noviazgo. Nada le decía que no lo era. Ni él, tampoco.

Fue un verano que no ha olvidado. Salían, entraban, la llevaba de viaje a conocer otros lugares, se compenetraban bien y funcionaban mejor en el aspecto que a él más le interesaba, el sexo.



Fue muy intenso, recuerda ella, pero se terminó porque para él no era nada serio. Una más de la lista; y esta, además, demasiado fácil para su costumbre, porque estaba loca por él. Se añadía el hecho de que no pertenecían a la misma clase social y esto a él le importaba bastante. Quizá no a la hora de echarse un ligue, pero sí para enamorarse y pensar en algo más serio.

Se volvió loca y así ha estado 15 años, porque ninguno de los que han venido después era como él. El modelo con el que comparaba era él y no salía de ahí, además no quería, y ella sola fue retroalimentando esa frustración, basada en un recuerdo que si se le pregunta a él, seguro que no lo pinta de la misma forma.

Todavía hace un año hablaba como si hubieran estado diez años juntos. Que si cuando eran novios hacían tal cosa, que si con él ha vivido lo mejor, que si es el hombre más guapo que ha visto y se lo llevó ella, que si… Siempre así. Incluso, intentó conseguirlo otra vez después de que se lo encontrara por azar. Pero claro, si no había podido ser cuando tenía veintitantos años y era guapa, alegre y divertida, aunque no tuviera “mucha clase”, ahora a los cuarentaytantos, más gordita, con más arrugas y con otras cosas que salen con la edad, mucho menos.

Le ha costado desengancharse y a eso le ha ayudado el hombre con el que se ha casado. No es el amor de su vida, pero está muy contenta, porque nota lo mucho que la quiere. “No es guapo ni joven ni tiene carrera ni poderío…. pero es mi hombre”, dice. Lo mejor es que ya puede hablar del otro y reírse de lo tonta que ha sido. “Qué obsesión tan absurda me ha tenido fuera de onda tanto tiempo como una idiota. ¿Pero qué tenía ese hombre?”.

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miércoles, 16 de junio de 2010

Sexo en el Mundial de fútbol

Está comprobado que si se gana un partido sube la testosterona para el que juega y para el que mira, por el ánimo y el bienestar que esto les supone, con lo cual tener relaciones sexuales después de un partido es sanísimo, dicen algunos expertos.

Pero no todos están de acuerdo en esto. En el Mundial de Fútbol de Sudáfrica hay opiniones para todos los gustos entre los seleccionadores.



Por ejemplo los de Brasil y Argentina no ponen impedimentos a sus jugadores para tener sexo, aunque Maradona les dice que en ratos libres, sólo con sus mujeres o novias y sin hacer excesos. Para ellos el sexo no está reñido con el rendimiento de los jugadores.

Fabio Capello seleccionador de Inglaterra no quiere ni oír hablar del tema, por cómo se las gastan sus jugadores. No sólo se lo prohíbe, sino que ha instalado cámaras en las habitaciones para que ninguno se le desmande.

Los portugueses tienen prohibido el sexo y también el alcohol y para el seleccionador alemán, que tampoco es partidario de las relaciones sexuales en las concentraciones, “para ver a nuestras mujeres hay que merecerlo”.

Los sudafricanos sólo reciben visitas diurnas de sus mujeres, muy breves, pero no pueden tocarlas.

La selección española recibirá a mujeres y novias entre los días 20 y 27 de junio. El 26 se ha dado día libre a los jugadores, que podrán aprovechar el roce con sus chicas.

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Un regalo de cumpleaños insólito

Iba a ser su cumpleaños y su amiga pensó en darle una sorpresa para sacarla del desánimo y la apatía.


Estaba desmotivada desde su separación hacía ya diez meses. Átona, inapetente y pasota. Si pensaba en enamorarse lo descartaba al segundo, si pensaba en follar, la idea le gustaba más, pero le daba una pereza enorme buscarlo. Todo se le hacía cuesta arriba y nada le apetecía. Ni siquiera las escapadas cortas a las que era tan aficionada.

El día que cumplió los 35, su amiga le dijo que tenía que acompañarla a buscar la sorpresa. Las dos entraron en una especie de club, en el que había gente corriente de todo tipo: hombres, mujeres, maduros, más jóvenes, trajeados, de atuendo informal… y ninguno, profesional del sexo.



La condición que le había puesto su íntima amiga era que tenía que dejarse tapar los ojos y seguir las indicaciones que le iría diciendo.

Ella aceptó, no de muy buen grado, porque no tenía ganas de rollos, pero decidió que se dejaría llevar si la cosa no iba muy lejos.

Su amiga le dijo que iban a entrar en otra sala y que iba a tener que probar algo para decidir qué le gustaba más.

Entraron y su amiga la guió hasta una zona en la que salían por unos huecos cuatro penes, que ella aún ni había visto ni sabía que estaban allí. Entonces la amiga le dijo: arrodíllate y abre la boca. Vete probando y el que más te guste será mi regalo de cumpleaños.

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martes, 15 de junio de 2010

El hombre ideal no sale en las portadas

Cuanto más buscas un ideal, más tardas en encontrarlo; y las más de las veces ni lo llegas a encontrar.


Lo dice siempre. Para ella el hombre ideal es el que tiene, el mismo desde hace veinte años, y con el que quiere seguir viviendo como si fuera realmente el hombre perfecto, que sabe que no es.



Como también está segura de que no hay nadie que pueda garantizar el amor y la felicidad eternos, no tiene grandes pretensiones. Se conforma con vivir el presente y con cuidar su relación como si fuera el principio. No engañarse como hace su amiga, que tiene tan adentro un ideal, que le es difícil conseguirlo. Cuando cree que ha encontrado al hombre de sus sueños, le dura poco la emoción y enseguida empieza a encontrarle más defectos que virtudes, para concluir que no era su ideal de hombre.

Ella no, ella mira a su compañero y lo ve cómo es, y así le gusta, aunque no sea el más guapo, el más alto, el más cachas, el más canalla, el que tiene los ojos más azules o una profesión de nivel. Esos se los deja para su amiga, aunque por lo que ha visto tampoco le bastan, porque también llegaría a cansarse, piensa ella.

Según una encuesta del portal de contactos Match.com, el ideal para las españolas es un hombre moreno, alto, de ojos verdes, elegante, divertido, audaz y viajero, que les supere en edad, desee tener hijos y comparta las tareas del hogar. Muy completito lo quieren.

Imagen: Eduardo Verastegui, actor mexicano.

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domingo, 13 de junio de 2010

Ni se miran ni se hablan, pero cenan juntos

Entraron en el restaurante y eligieron, sin consultarse el uno al otro, una mesa de las del montón, ni junto a los ventanales ni tampoco en las de aquel rincón un poco apartado de las miradas de los demás, a pesar de que podían haberlo hecho, porque el local no estaba demasiado lleno cuando ellos llegaron.


Pidieron la cena, cada uno lo que le apetecía, sin compartir, y comieron casi sin mirarse; y en la misma postura, él mirando al frente y ella, al plato, permanecieron toda la cena sin cruzar una palabra.

No era la primera vez ni la segunda que veíamos a una pareja, esta era de mediana edad, que salen juntos a comer o a cenar, un acontecimiento que se sale de la rutina y que implica una intención de hacerlo, y sin embargo no se dicen nada ni se miran durante el tiempo en el que están sentados uno frente a otro o uno al lado del otro.



Cenaban como si lo hicieran solos, como si el otro no estuviera allí sentado y ni siquiera una tos o un ruido le hacía volver al otro la cabeza.

¿Qué puede haberlos llevado a ese silencio, que parece que ya no les resulta incómodo por cómo lo asumen, sin ni siquiera disimular que no quieren romperlo?

¿ La costumbre? ¿La rutina? ¿La falta de amor? Por la pasión ya ni pregunto.

Por su actitud parecía que ya no se tenían ni el cariño que queda cuando se ha terminado lo que les llevó a unirse. Pero da igual, ellos cenaron y cuando terminaron, se tomaron un café y con las mismas y en perfecto silencio se marcharon.

Me llaman la atención estas parejas.

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sábado, 12 de junio de 2010

En cuestión de sexo, la iniciativa es de los dos

Qué daño han hecho algunos comportamientos de siglos que hemos tenido incrustados en lo más profundo y que, aún hoy, aunque parezca mentira, se siguen encontrando al volver la esquina.


En el asunto de quién debe de tomar la iniciativa en una relación amorosa o sexual, los hombres han tenido que comportarse como expertos y aprender a marchas forzadas, a la fuerza ahorcan, para cumplir con el rol. Mientras las mujeres se dejaban hacer como seres pasivos para cumplir con el suyo, y no movían ni un dedo en el encuentro amatorio no fuera a ser que las confundieran con lo que no eran.



Tanto tiempo con esa losa encima ha generado muchos problemas y actitudes equivocadas. Como que hay muchas mujeres todavía, a pesar de todo lo que hemos cambiado, que se tumban a la bartola y ahí me las den todas, que dice un amigo mío, que se desespera cuando ha encontrado alguna así. ¨Porque, añade, nosotros no queremos ser expertos amantes por obligación, sino porque la otra parte nos haya dado juego y nos haya enseñado lo que no sabemos. Lo mismo que al contrario¨.

Él cree que aunque los cambios han sido enormes, en este tema todavía se repiten los roles tradicionales en hombres y en mujeres, que dificulta mucho disfrutar juntos del sexo. Con lo bueno que sería para los dos dejar a un lado los prejuicios y darle a la imaginación.

Hace poco leí una encuesta en la que la mayoría decía que en cuestiones de sexo, la iniciativa deben tomarla hombres y mujeres indistintamente.

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viernes, 11 de junio de 2010

No hay hombres de una sola mujer

Ni el más entregado a la suya se conforma sólo con una mujer, y el que lo hace es porque no tiene más remedio, pero no deja de intentar ampliar el horizonte porque le falten ganas.




Que no, que en esto hasta el más tonto hace un reloj, que dice una amiga mía. Y eso que ella no se puede quejar, que tiene a su hombre que suspira por ella. Pero para el recreo, se busca sus apaños, que aunque diga que le es fiel y esas cosas que dicen a veces los hombres, no puede serlo, ni él ni los demás. Es así la naturaleza y ella lo acepta, porque dice que cuando lo necesita ahí está para quererla, para mimarla y para lo que ella necesite, que lo otro son alegrías corporales que uno se da para estar bien. Como unos masajitos.

Otro amigo mío, que es un macho Alfa, está colado por su mujer, lo dice y se ve, pero como se le presente por el camino una chica que le guste, le hace un apaño antes de irse para casa, porque por definición es imposible que un macho alfa esté tranquilito con una sola mujer. Ni con dos.

Sin llegar al nivel del Alfa, porque por físico no lo puede ser, es mucho menos agraciado, tengo otro amigo que es insaciable. Siempre que quedo con él, me cuenta que tiene dos además de la de casa. Y cada temporada una es nueva. Y ya tiene años mi amigo para llevar ese trajín de vida. No sé como puede abastacer tanto mercado. Pero así es o dice que es.

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jueves, 10 de junio de 2010

Cómo nos ponen las dichosas hormonas

Parte de la visión moderna que la ciencia tiene del cerebro de una mujer, que ha pasado por etapas lamentables, está recogida en un libro-guía muy fresco y entretenido, que firma la psiquiatra Louann Brizendine y que se titula El cerebro femenino.


Habla, entre muchas otras cosas, del elenco de actores neurohormonales que no es otra cosa que cómo afectan las hormonas al cerebro de una mujer.

Describe con gracia esos actores, como el estrógeno: el rey, potente, ejecutivo, arrollador; a veces utilitario, a veces seductor agresivo; amigo de la dopamina, la serotonina, la oxitocina…(sustancias que hacen que el cerebro se sienta bien).



La progesterona: hermana poderosa del estrógeno…A veces es un nube tormentosa; y otras, un agente estabilizador, madre de la alopregnenolona (el Valium del cerebro, el chill pill).

La testosterona: rápida, enérgica, centrada, arrolladora, masculina, seductora, vigorosa, agresiva, insensible; no está para mimos…

Son las hormonas las que pueden determinar qué le interesa a nuestro cerebro. Ayudan a guiar las conductas, pueden influir en el gusto por la conversación, el flirteo, las fiestas, las caricias, la preocupación por no herir sentimientos ajenos, la competición, la masturbación o la iniciación sexual.

Las hormonas nos influyen tanto que un día podemos ser emprendedoras, inteligentes, productivas y optimistas, pero una simple oscilación en el fluido hormonal puede convertirlo todo en justo lo contrario en nuestra propia percepción. Serán esos “malditos” cambios que no soportan los hombres.

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miércoles, 9 de junio de 2010

Las citas a ciegas sólo funcionan en las películas

Era la segunda vez que se había aventurado a tener una cita a ciegas. No es nada difícil hoy día hacerlo, Internet te las pone al alcance de la mano. Con más posibilidades, pero con el mismo grado de fracaso o acierto que cuando eran tus amigos los que te invitaban para que conocieras a un primo de un amigo que había venido de Buenos Aires.




Era la segunda vez, sin contar aquella más directa que le preparó su madre cuando al terminar la carrera y volver a casa, pensó que tenía que hacer algo por liar a la niña con aquel portento de hombre, conocido también de no sé quien y con un futuro prometedor.

Esa también había sido un desastre, a la vista estaba, y ahora se disponía a acudir a otra sin ninguna confianza, pero con los nervios que sí genera un encuentro con un desconocido.

Le habían aconsejado no lanzar las campanas al vuelo, porque es la forma más rápida de decepcionarse. Pero había decidido guiarse por su intuición, porque ni era un callo, ni tenía problemas para relacionarse ni tampoco era un bicho raro, era que no había tenido suerte con los hombres.

Llegaba el momento y estaba impaciente por saber si podía romper el conjuro y ver cómo era en la distancia corta el hombre que la había camelado en Internet y que le gustaba sin profundizar mucho todavía. Habían quedado en un bar concurrido del centro. Ella llegó primero y se sentó en una mesa a esperarlo, pero él no apareció nunca.

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lunes, 7 de junio de 2010

Nunca es tarde

Es muy amigo de alguien que conozco bien. Algunas veces me había hablado de él con pena porque decía que era una bellísima persona, tierna, sencilla, un poco callada, y que había vivido toda su vida en soledad, pese a la compañía de dos hermanas intolerantes e insoportables.



Este hombre nunca había tenido novia y mi amigo no estaba seguro de que alguna vez lo hubiera deseado o intentado remediar. Un día, recién cumplidos los 60, le dio por ir a clases de baile para ampliar un círculo de relaciones que siempre había sido muy estrecho. Al tercer día de clase hizo buenas migas con otro aficionado y fueron a tomar una caña, algo que era casi una aventura para él.

Mi amigo me contaba que al escuchar la historia de los sucesivos encuentros de boca del propio protagonista no daba crédito: ¡había descubierto lo que era enamorarse! Aunque de sus labios no salía semejante expresión, mi amigo comprendió por el brillo de sus ojos y el entusiasmo de sus palabras que comenzaba a soñar despierto por primera vez en su vida.

Yo le pregunté, me decía, si el sexo tendría algún papel importante en esa relación, y él con total seguridad me contestó: “todavía no, pero ¿a quién le importa eso?”.

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viernes, 4 de junio de 2010

Otra despedida de casada

Divorciarse no es sólo sinónimo de fracaso, también puede ser una liberación y quienes lo consideran así, es lógico que quieran celebrar desprenderse de las ataduras.


Es la segunda vez que me invitan a una fiesta de divorcio y la tercera que conozco de cerca. Son como las despedidas de soltera pero más reducidas y algunas también con hombres, pero a mí no me gustan nada. Las fiestas de divorcio se pusieron de moda -importada de Estados Unidos, claro- hace dos o tres años, deben de tener éxito, porque hay empresas que las organizan.

La anfitriona de esta vez ha vuelto a la soltería hace un par de meses y lo celebra ahora que ya ha pasado el mal trago y el papeleo. Porque aunque sea una liberación en un sentido, no deja de ser un revés.



Me ha dicho que va a ser una cena discreta, sin boys ni chorradas, pero con alegría y ganas de juerga. La anterior a la que asistí fue todo lo contrario. A la divorciada se le debió caer un tornillo, a pesar de ser una mujer cuarentañera y cabal, y tiró la casa por la ventana. Contrató a una empresa para que le organizara desde la cena hasta la fiesta posterior con boys y polvos incluido, para ella, que era la protagonista, no para las demás.

La tercera que he mencionado, que es la primera que conocí y que ya conté aquí, fue la que más me gustó. Allí no había invitados ni boys ni girls ni camareros, pero sí mucho sexo. Los dos divorciado se dieron el último homenaje marchándose de fin de semana por ahí. Dio igual a donde fueran, porque no salieron de la habitación del hotel.

Para esto no todo el mundo vale, el divorcio tiene que ser de común acuerdo también en la cabeza, no sólo en los papeles, los protagonistas tienen que tener mucha cintura y que el final no sea un adios sino un hasta luego darling.

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miércoles, 2 de junio de 2010

¿Nos pone el lenguaje soez?

Porque como el sexo es lo auténtico, sin artificio. El sexo es indomable, rebelde, la fiera que llevamos dentro, lo primitivo… Y el lenguaje soez es lo subversivo, lo prohibido, y al igual que el sexo, nos atrae por lo mismo.

Tengo un amigo que se pone hasta nervioso al escuchar a su chica en pleno delirio sexual usar el lenguaje más burdo. La primera vez pensó que era otra, le costó acostumbrarse, pero le gusta, dice que ahora no puede prescindir de ese vocabulario.

Lo cuenta muy bien Paul Auster en su novela Invisible:

"Ahora que vives en situación tan íntima con ella, Gwyn se ha revelado como una persona ligeramente distinta a la que conoces. Es a la vez más divertida y más lasciva, más vulgar y excéntrica… y te asusta descubrir el profundo regocijo que le produce el lenguaje indecente y la extravagante jerga de la sexualidad… Un buen orgasmo pasa a ser la gran corrida. Su culo es un polisón. Su entrepierna es un chochín, una almeja, un guardapolvos, el conejo… En uno u otro momento, tu pene es el zupo, el cimbel, la longaniza, el chuzo, el pirindolo, el troncho, el trabuco, el cingamocho, Don Cipote, Doña Polla y Adam junior….



… Margot vuelve a excitarlo con gráficos relatos sobre sus encuentros sexuales con mujeres, su pasión por tocar y besar pechos grandes, por lamer y acariaciar la entrepierna femenina…, y mientras Walker no acierta a decidir si se trata de historias verdaderas o simplemente de una artimaña para que se empalme de nuevo…, disfruta escuchando esas guarradas, lo mismo que cuando Gwyn empleaba aquel lenguaje soez en el apartamento de la calle Ciento siete Oeste. Se pregunta si las palabras no serán un elemento esencial de la sexualidad".

Imagen: Desnudo II, óleo de J. Enrique González.

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martes, 1 de junio de 2010

¿Alguien busca la perfección en la pareja?

La perfección no existe y, por tanto, ni existe el hombre perfecto ni la mujer perfecta. Y si sus mimbres no son perfectos, tampoco la pareja lo puede ser, por mucho que nos empeñemos en encontrar al hombre o la mujer que en nuestros sueños rozan la perfección.




La pareja perfecta no existe y eso es lo mejor. Si existiera sería una lata, porque me imagino yo que tanta perfección aburre a las ovejas. Lo que encontraremos, con suerte, es el complementario ideal, el que nos hace vibrar de abajo a arriba y de arriba a abajo, nada más verlo acercarse por la puerta -no confundir con el que dicen las pavas cuando les preguntan sobre su hombre ideal: me fijo en sus ojos y que me haga reír. Reír, sí, pero después de vibrar-.

Sobre la perfección en la pareja, ayer leí esto en El Pais Semanal:

Mariana se anticipa a mis deseos al segundo, sin mediar palabra por mi parte; lee mi retorcida mente y transforma mis lascivos pensamientos en caricias, besos y posturas con las que sólo había soñado, interpretando una mirada, una expresión, un gesto. Pura quínica, diría yo. Auténtica telepatía carnal, lo llama ella. Explora la geografía de mi cuerpo haciendo pausas donde sólo ella sabe que puedo explotar… Si me amara, sería la pareja sexual perfecta.

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lunes, 31 de mayo de 2010

Celos de lo que no se ha vivido

Lo acaba de dejar porque ya no podía más. Ha sido un año, pero un año que se ha hecho muy largo, mucho más de doce meses, dice, muy largo e insoportable.

Empezó con una atracción brutal, casi todas al principio lo son. No podían estar el uno sin el otro ni estar frente a frente sin que se les notara las ganas que se tenían, aunque ella notaba algo en él, que no acababa de entender, pero incluso eso le daba morbo.



Amortiguada la pasión de los primeros meses, él empezó a interesarse por su vida sexual anterior, por sus novios, sus amantes, sus costumbres.

Al principio preguntaba como si fuera simple curiosidad y ella le contaba -no todo- cómo había sido su vida en ese aspecto, sin darle mayor importancia. Pero después no dejaba de preguntar con un interés injustificado y una obsesión que ella no entendía. Además, había notado que no le gustaba lo que le decía y que le daba vueltas una y otra vez al tema hasta provocar un enfado entre ellos.

Cuando ella le preguntó por qué hacía eso que los estaba separando, él le dijo que no podía soportar pensar que ella hubiera estado con otros hombres. Entendía que eran adultos, que han tenido recorrido, pero era superior a sus fuerzas evitar pensarlo y sufrir por ello, y que nunca había conseguido superarlo.

Este sentimiento no disminuyó con el tiempo ni con el hecho de que ella le exigiera un esfuerzo para que no volviera a interesarse por nada que no fuera su vida ahora. No pudo y ella ha acabado cortando porque se había hecho insoportable y, sobre todo, porque pensó que no quería quedarse a esperar un disgusto mayor.

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viernes, 28 de mayo de 2010

En la distancia, todo se enfría

“LLevo con mi novia toda la juventud y creo que estamos hechos el uno para el otro. Nos llevamos muy bien y la vida en pareja nos va -nos iba- de maravilla en todos los sentidos.



Hace tres meses ella se fue a Londres a estudiar y todavía le queda un mes de estar allí.



Pero yo me comporto como siempre y al no tenerla conmigo, intento demostrarle todo mi cariño por teléfono, en los mensajes, Internet, etc.


Ella por el contrario está muy distante, fría. Ya no la noto como antes, no está cariñosa, discutimos por tonterías y si la llamo varias veces, me dice que la agobio.


Se me pasan muchas cosas por la cabeza. Pienso que está así simplemente porque está más distraída y más ocupada. Otras veces, creo que me ha sido infiel, aunque lo dudo, porque nos queremos mucho y creo que no me podría hacer eso. También se me ocurre que simplemente la distancia le ha provocado lo contrario que a mí, yo me he dado cuenta de que la amo con locura y no puedo estar sin ella; y puede que ella no me necesite tanto o que esté mejor sin mí. Incluso, me ha planteado que nos demos un tiempo y que conozca a otras chicas para poder olvidarla este tiempo hasta que vuelva. Pero yo solo tengo ojos para ella.

Parece que intenta disculparse a sí misma diciéndome estas cosas. Ya no puedo hablar claramente porque dice que siempre estoy con lo mismo, pero lo estoy pasando realmente mal y ya no se a qué recurrir.


Me gustaría que los que comentan en este blog pudieran darme alguna idea sobre qué hacer, porque creo que ella no está siendo sincera conmigo. Gracias de antemano”.

Es una carta de un lector de este blog, que se encuentra perdido en la distancia. Por lo que dice, sí que parece que ella ha encontrado mejor forma de pasar el tiempo allí, que no tiene por qué significar una infidelidad, como dice él. Está disfrutando de una ciudad nueva, con gente y vida nuevas y, por lo que parece, de momento, sólo ha aparcado la relación hasta que vuelva. Él debería hacer lo mismo, porque puede que sólo sea eso. O no.

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miércoles, 26 de mayo de 2010

Acariciar, tocar lo que no es

Le gusta tocar lo que hay, lo que se supone que es, porque lo ve con sus ojos, y lo que espera que sea.


La conocía de haberla visto entrar por allí varias veces. Y alguien los presentó una tarde. Le gustaba mucho esa chica, su cara, su cuerpo, sus pechos, cómo se movía… y la conexión que tuvieron enseguida. Y cuanto más tarde se hacía y más copas consumían, más le atraía.



Al final de la noche llegaron a la casa de ella excitados, dispuestos a culminar el encuentro con el mejor polvo. Entraron presurosos y quitándose la ropa el uno al otro por el camino hasta la habitación.

Y así ocurrió. Una vez despojados de todo, a él se le cayó el alma a los pies y con el alma, todas las ganas que le tenía a la chica. Sus pechos ya no eran lo que creía haber visto minutos antes y el culo se había desinflado como por arte de magia.

Los putos rellenos, se dijo. Se sintió engañado porque le habían vendido lo que no era. Y ya no se pudo recomponer, entre excusas tontas se quitó de en medio y se marchó.

Cuando después, al contarlo, algún amigo le ha afeado la conducta por exagerado, él ha contestado que no puede con eso, porque lo cree un engaño, una tomadura de pelo. Una decepción.

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martes, 25 de mayo de 2010

El atractivo sexual de una cicatriz

Siempre había considerado que las cicatrices tienen una historia detrás, fascinante o no, pero también, mucho atractivo sexual. Las cicatrices en los hombres, no todas, suponen un suplemento de masculinidad.


Lo vio por primera vez en un bar de copas a esa hora en que aún la luz no es muy tenue y pudo distinguir la cicatriz con claridad cuando se fijó en su cara. No fue instantáneo, sino unos segundos después, cuando sometido a un superficial examen general ella le concedió el aprobado alto y se dispuso a verificar si merecía mejor nota.



Entonces reparó en que una senda producida con seguridad por un arma blanca se adentraba en la mejilla desde muy cerca de la oreja derecha. No era muy pronunciada, quizás por antigua, pero resultaba inquietante y le confería un interés muy particular al rostro que, sin ser demasiado guapo, sí sobresalía entre la gente de su edad, pongamos de treinta y cinco para arriba, que andaba por allí.

Pasaron unos meses antes de que ella volviera al mismo garito y un poco más hasta que se dio de nuevo la coincidencia.

Si la primera ocasión sirvió para despertar en ella curiosidad, en la segunda definitivamente estaba dispuesta a indagar el origen de su seña de identidad más llamativa. Y decidió que no sólo quería saber el origen de la marca, sino lo que el resto de su cuerpo escondía. A cada minuto que pasaba se acrecentaba su excitación y se dispuso a no dejar pasar más que unos pocos minutos, pero alguien muy cariñoso se interpuso en el camino. Un tipo de aspecto escasamente varonil se acercó a él y le estampó un beso en los labios que a ella la dejó paralizada.

Se marchó y no lo ha vuelto a ver, pero visita con mucha más frecuencia aquel bar con secretas esperanzas.

Ya hace algún tiempo de aquello y no se quita de la cabeza esa cicatriz ni a quien la llevaba.

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Ropa interior femenina, también para hombres

¿Por qué a algunos hombres les gusta ponerse ropa interior femenina?


No tiene nada que ver con la homosexualidad o la transexualidad. Hay hombres heterosexuales fetichistas, a los que les excita mucho ponerse la ropa interior de su mujer. Sobre este asunto que, en principio rechina, hay mucha literatura.



Y ejemplos los ha habido y los hay, alguno más sonado que otro por la personalidad del atrevido. Alguna página que otra en Internet hasta dice que es una moda y que hay muchos hombres, y también las parejas de estos, que consideran excitante vestirse con prendas de mujer.

Uno de ellos dice:

“Desde niño siempre me han gustado las mujeres… y sus prendas, hoy soy adulto y me enamoro de una mujer cada dos minutos, pero ardo en deseo de encontrar una mujer con la cual pueda compartir este gusto, una mujer que no sólo lo vea bien sino que también le excite y lo disfrute, no es malo y no soy un fenómeno, hay muchos machos que usan prendas de mujer con o sin consentimiento de su esposa”.

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lunes, 24 de mayo de 2010

Las marcas del amor

Siempre llega al trabajo con unos lametones rojos en el cuello o en el escote -lo que se ve-, que es la envidia de toda la planta, porque significa que la noche anterior ha tenido mambo.


Y claro eso anima mucho al personal, que ya se querría ver con un lametón, porque, bromas aparte, las señales de ese tipo provocan envidia sana.



Esto lo cuenta una amiga, después de ver cómo la otra aparece cada poco con marcas de amor. Le dice que vaya trabajito más bueno que le han hecho, mientras ella se tapa y se pone roja. “No te tapes -le insiste-, que eso es muy sano y hay que enseñarlo siempre para que los demás se contagien.

Pero se contagian pocos, dice, aunque de vez en cuando, alguno deja asomar por el cuello de la camisa la prueba irrefutable de una noche de pasión. Entonces, cuenta, se produce un gran revuelo, más que cuando es una chica la que llega con la pista. Pero eso es porque las mujeres montan más bulla con estas cosas. Los hombres son más discretos.

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viernes, 21 de mayo de 2010

El ex como amante

Se separaron después de tres años de convivencia y lo que acabó con su relación, sobre todo, fue que el sexo era desastroso entre ellos, más por él que por ella.


Ella siempre estaba dispuesta, es una chica lanzada, a la que le gusta cambiar, innovar, porque sus anteriores amantes le enseñaron mucho y bien y a saber disfrutar de las buenas relaciones sexuales. Pero con él era siempre la rutina -se quejaba-, una vez a la semana y gracias; y además era sólo la postura del misionero. Un aburrimiento.



Cuenta que los últimos seis meses, la relación ya era inexistente. Ni se tocaban, así que lo dejaron.

Hace un par de meses, se volvieron a encontrar. Era por la noche, en un bar donde hablaron, recordaron, se rieron y bebieron quizá en exceso. “Hasta que al final acabamos en mi casa. Fue salvaje, emocionante, espectacular. Aún se me ponen los pelos de punta con sólo recordarlo”, dice ella emocionada.

Después de ese día, cada 15 díasvuelve a encontrarse con su nuevo amante, con el que ha descubierto una nueva forma de vivir el sexo que le encanta.

Está sorprendida por lo que ahora está viviendo con él, la misma persona, y se pregunta: “¿Por qué ahora es tan bueno y antes no?, ¿Será el morbo de ser mi ex-pareja?, ¿Hemos cogido el reencuentro con más ganas?

… No lo entiendo, pero sinceramente me encanta esta nueva situación”.

Este post fue publicado originalmente en el blog de Chapi Escarlata de 20minutos.es

jueves, 20 de mayo de 2010

Tiquismiquis en la cama

Hay mujeres que aunque dicen sí, quieren decir que no; y aunque parece que dan pista libre para una noche de pasión, luego es también sí, pero a medias.


Esto lo dice así un amigo -yo creo que un poco exagerado- que en los últimos meses ha tenido unas cuantas amantes ocasionales y con las que más parecía que prometía la noche, al final ha salido rana, no porque ellas no estuvieran dispuestas a llegar hasta el final, sino porque entremedias era difícil acertar porque eran unas taixmaix (tiquismiquis, según Manolito gafotas):



No, así no que yo prefiero de la otra forma. Vale, vamos a la otra forma. No, tampoco, es que no me acomodo. Otra: ten cuidado con las sábanas , que son de hilo, justo en el momento más inoportuno.

O se sentaban en el sofá y cuando el magreo subía varios grados, ella cortaba por lo sano porque allí no le gustaba, prefería la cama no se fuera a manchar el sofá, y se lo decía tan de sopetón que al otro lo dejaba en un ay. O en la ducha como que tampoco, porque luego el pelo no se seca…

A cuenta de estas manías -dicen ellos- otro amigo contó que se lió una vez con una chica que le gustaba mucho, pero que la experiencia fue de risa, porque ella se tiró toda la noche diciéndole: Ay, ten cuidado con mi pelo, no pongas el brazo ahí que me rozas el pelo, no me lo toques, ¡Cuidado!

Se había puesto extensiones en el pelo y eran muy caras para que se las pudiera estropear durante el polvo, le dijo. El otro se partía por no echarse a llorar. Él sí que se tiraba de los pelos.

P.D.: Este post va de mujeres, porque los que cuentan sus cuitas son hombres. Cuando reflejo lo que dicen algunas mujeres de los hombres, otros me llaman feminazi.

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martes, 18 de mayo de 2010

Perfume con olor a hembra

Ya no saben qué inventar para seguir facilitando todo lo relacionado con el sexo. Una empresa llamada Viva Eros produce desde hace dos o tres años un perfume con olor a vulva, que ellos llaman “el erótico aroma vaginal de una mujer deseable”. Tela.


El vídeo de promoción de esta “fragancia” no tiene desperdicio. Cuesta creer que se trate de verdad de una promoción de colonia, pero así es.




Dicen sus promotores que Vulva Original no es un perfume exactamente, sino “el fascinante aroma íntimo femenino como sustancia olorosa pura que satisface el propio placer olfativo. Se entiende que de los hombres, mayormente.


El líquido se vende en un frasco de vidrio que hay que agitar antes de aplicar una cantidad mínima en el dorso de la mano… “y el olor irresistible y desbordante -dice la promoción- de una vagina aumentará inmediatamente sus fantasías eróticas y dará alas a su imaginación”.

Por muy logrado que esté, digo yo que no será lo mismo oler a una mujer en directo que en este frasquito, por muy logrado que esté.

Lo dicho, ya no saben qué inventar estos romanos.

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El poder de atracción de las rubias

El 75% de las morenas consideran que las rubias son creídas, caprichosas y superficiales, mientras que el 45% de las chicas de pelo claro creen que las otras son ariscas, peludas y que los hombres coquetean con morenas, porque no hay una rubia en ese momento.


Las morenas, claro, responden que los hombres sólo buscan sexo en las rubias. Estos datos pertenecen a una encuesta que hizo hace ya tiempo una marca de champú, pero al margen de lo que digan unas y otras, lo que está claro es que las rubias vuelven locos a los hombres. Si no, por qué hay tantas rubias de bote. Por la secular atracción que este color de cabello tiene para ellos.



A través de varios estudios que se han hecho en distintos momentos, ellos vinculan el pelo claro con la inocencia y la bondad y, además, históricamente, se lo ha relacionado también con la fertilidad. Consideración esta que no entiendo muy bien, porque no sé que tiene que ver eso con las rubias, las morenas o las pelirrojas, tendrá que ver con todas las mujeres.

Sí me creo el mito de la rubia y que como dice Madonna en el Magazine de El Mundo, “el artificio de ser rubia tiene una increíble connotación sexual”. No hay más que ver en cualquier fiesta o reunión el poder de atracción que despiertan las rubias.

Aquí, el 61,6% de las mujeres son teñidas de un color más claro al suyo o llevan mechas rubias, según una marca de tintes. De origen, el 20% son morenas, el 70%, castañas; y sólo el 1%, pelirrojas, pero luego la mayoría se vuelven rubias; y aunque no es lo mismo que una natural, el tinte también despierta emociones en el sector masculino.

Como se ha dicho tantas veces, cada uno se encapricha de lo que no tiene. Seguro que en los países nórdicos, una morena tiene su aquel, como aquí, un país de morenos, una sueca siempre les ha puesto los pelos, y lo que no son los pelos, de punta.

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lunes, 17 de mayo de 2010

¿A partir de los 40 da más pereza?

Es un mito que a partir de los 40 el sexo dé más pereza. Lo decían todas las respuestas a esta pregunta que planteaban y que leí ayer en el dominical de El País.


A partir de los 40 se sabe perfectamente lo que nos gusta y lo que no, hasta dónde queremos llegar y con quien y tenemos más serenidad, sabiduría y la libertad, decía una de las respuestas.



Yo también creo que curre lo contrario, no da pereza, sino que las cosas se hacen más despacio, con más conocimiento de causa y con el ritmo que da la mayor serenidad con que uno se toma la vida. Y además pones en práctica todo lo que llevas aprendido con más seguridad.

El sexólogo Pedro Villegas señalaba que a partir de esa edad es cuando ya no da pereza nada, porque, supuestamente, ya tienes mejor aprendido cómo, cúando y con quién. Y añadía que de los cuarenta para abajo sí hay a quien le da pereza dejar la play station para tener que hacer eso tan aburrido.

Yo no diría tanto. Los que no quieren dejar la play están en una edad muy por debajo de los 40 o de los 30. O eso me parece a mí.

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viernes, 14 de mayo de 2010

Tensión sexual con fecha de caducidad

Dicen los que saben de estas cosas que después de los dos o tres primeros años de relación, la vida sexual cambia para la gran mayoría de las parejas, para algunas más que para otras.


Que lo más frecuente -salvo honrosas excepciones, que las hay, y funcionan por todo lo que no lo hacen los demás- es que el deseo sexual baje considerablemente, que la rutina conduzca a una merma de la pasión, que los cuerpos se habitúen y que las mentes se acomoden en el sillón de la apatía sexual. ¡Que desolación!



Con lo que cuesta encontrar al otro, como para que aquello se apague en dos telediarios, que dice una amiga mía. Que cuando ya has conseguido acoplarte, te encuentras con el finiquito sin previo aviso.

Las encuestas de la antropóloga Helen Fisher señalan que la pasión dura de uno a tres años; y un estudio de la Universidad de Cornell le da una vida entre 18 y 30 meses. Así que concluyen que después de ese tiempo las parejas que siguen juntas deben sustentarse en otros pilares más fuertes que la efímera pasión.

Tan corto nos lo fían, que no da tiempo a tener una vida sexual tan apasionante como dicen que tienen la mitad de los españoles. Apasionante, sí; y corta, según esto, más. En cuanto a la pasión se refiere; porque para tirar como sea, la mayoría se da mucho tiempo, sentaditos en ese sillón de la apatía.

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jueves, 13 de mayo de 2010

La fantasía del ascensor

Cumplió ayer la penúltima fantasía sexual que tenía en su cabeza: hacerlo en un ascensor.


En honor a la verdad hay que decir que fue sólo media fantasía la que llevó a cabo, porque lo que él soñaba es hacerlo en un ascensor y con una desconocida.

Estuvo varios días merodeando por un edificio cercano a donde trabaja, con varias oficinas y centros de trabajo, donde entraba y salía gente, aunque no demasiada. Se aseguró de que podía ser allí, pero no terminó de decidirse.



Hace dos días, cuando pasaba por delante del mismo edificio, tiró del brazo de su chica, cruzaron el portal y subieron al ascensor.

Y así fue, dice. No hubo que convencerla mucho. Estaba muy dispuesta porque también quería experimentar la excitación del momento sexual y el nervio que te entra pensando que te van a pillar.

Le gustó la experiencia, pero dice que le supo a poco, que lo que él quiere es montarse en un ascensor con la desconocida en cuestión y consumar, mientras escucha a la gente de varios pisos golpear las puertas y preguntar si otra vez se ha estropeado el elevador. Montar un follón en el tiempo que tardan en rematar la faena.

Pues eso, una fantasía. Tengo otro amigo que tiene la ilusión de hacérselo con dos gemelas a la vez.

Para gustos están los colores… y las fantasías.

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